El fastuoso derroche del imperio de Napoleon III hallo en la musica de Charles Gounod el vehiculo ideal llevar al teatro la embriaguez sofisticada y elegante de un mundo de oropel y falso lujo, que vivia de espaldas a una insostenible situacion politica que acabaria en el desastre militar de la guerra franco-prusiana. Aunque no dejo de ser fiel a los complacientes principios de ficcion en los que se apoyaba esta sociedad, el autor de Faust supo introducir de un modo muy sutil los rasgos de una nueva sensibilidad en la opera de su tiempo.
A diferencia de Georges Bizet, que nunca habia dudado de su vocacion para la escena, Charles Gounod se dirigio a ella con recelo, como si se tratara de algo pecaminoso. Antiguo estudiante de teologia, e inclinado principalmente hacia la musica sacra, solo se decidio a emprender el camino de la escena cuando comprendio que, en aquel momento, era practica-mente la unica via a traves de la cual un compositor frances podia adqui-rir cierto renombre.
La leyenda de Fausto se remonta al siglo XVI, pero muchas de sus caracteristicas proceden de tiempos aun mas remotos. Su conexion con el descubrimiento de la imprenta —considerado en su tiempo casi como un hecho de brujeria— se debe a la creencia popular de que cierto pintor de Maguncia, Johann Fust, muerto en 1466, fue el Doctor Fausto original. Es mas verosimil afirmar que el verdadero inspirador de la leyenda fiie un tal Doctor Faustus, alquimista de gran cultura que ejercio su oficio a principios del siglo XVI. Este personaje, fallecido en 1540, cobro fama en realidad con la publicacion de una serie de cuentos de Johann Spies, de 1587, que se hicieron muy populares en toda Europa. La traduccion de dichos cuentos aparecio en Inglaterra a los pocos meses, al tiempo que Christopher Marlowe terminaba su Trdgica historia del Doctor Fausto. A su vez, los acto-res ingleses llevaron la obra a Alemania, donde inspiro una serie de obras locales con marionetas animadas, fieles siempre a la historia del terrible pacto de Fausto con el diablo. Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) era aun un nino cuando conocio la historia que le fascinaria durante toda su vida. Antes de cum-plir los 25 anos, empezo a trabajar en la monumental obra, que le ocuparia casi 60 anos.
La primera parte —que es la que incluye la historia de Margarita- fue publicada en 1808, y la segunda parte, poco antes de su muerte a los 83 anos. La obra completa se edito un año despues. Al parecer, fue Fanny Mendelssohn quien descubrio al joven Gounod el Faust de Goethe. "Esta obra no se separaba de mi, la llevaba conmigo a todas partes, y apuntaba en notas dispersas las diferentes ideas que suponia me podrian servir el dia en que intentase abordar este tema para una opera", escribe el musico en 1839. Pasaran, pues, veinte anos hasta que la obra se materialice. Si la combinacion de aquellos aspectos mas visiona-rios y metafisicos con la descripcion de sentimientos que la creacion goe-thiana plantea habia sido el principal foco de atraccion para compositores como Schumann, Liszt o Berlioz —que, por cierto, resehara la obra de Gounod- la opera, en parte por la adaptacion de Barbier y Carre, pero tambien por las propias caracteristicas del lenguaje del musico, se centra en la intriga amorosa de la primera parte, la tragedia de Margarita, donde Mefistofeles no deja de ser una figura exotica, carente de verdadera inten-sidad diabolica. Que en el mundo germano la partitura sea conocida como Margarethe constata esa distancia con respecto al original. En cualquier caso, el extraordinario lucimiento vocal que permite Gounod a sus tres protagonistas (cuatro, si ahadimos a Valentin, e incluso cinco, sumando a Siebel, un homenaje a la mejor tradicion de francesa de pajes travestidos), unido a su extraordinaria riqueza melodica, el refina-miento de su orquestacion y los vigorosos coros, aseguraron a la obra del compositor frances, ya desde su estreno, un lugar imperecedero en el repertorio de los teatros liricos internacionales. La espontaneidad e inme-diatez de las escenas de caracter mas intimo (entre las que deben citarse las que protagoniza la citada Margarita) abrieron, con su naturalidad opuesta a la grandilocuencia de la gran opera, un camino que habrian de seguir autores como Georges Bizet o Jules Massenet.
Gounod termino la composicion de Faust en el otono de 1858 y muy pronto empezaron los ensayos en el Theatre Lyrique. A Marie Miolhan-Carvalho, la esposa del empresario Leon Carvalho, le fue asignado el per-sonaje de Margarita, Emile Balanque obtuvo el de Mefistofeles y Hector Gruyer el de Fausto. La incapacidad de este ultimo para dominar el per-sonaje fue tan evidente que, finalmente, fue sustituido por un veterano de la Opera-Comique, Joseph-Theodore-Desire Barbot, quien se aprendio el papel en solo tres semanas. La partitura original era mucho mas larga, y varios numeros fueron eliminados antes del estreno, entre ellos unos couplets de Valentin ("Chaquejour nouvelle affaire"), reemplazados por el famoso coro de soldados,"Gfo/re immortelle de nos a'ieux", cuya musica procedia de un abortado proyecto operistico de Gounod, Ivan le terrible. La escena de la iglesia fue trasladada al final del acto IV, probablemente por sugeren-cia del empresario.
Nunca podremos saber, por lo tanto, cual es la autentica version de esta opera, al ser aceptada por el propio compositor en la edicion que ha permanecido en el repertorio. Los dos primeros actos son relativamente breves, por lo que suelen representarse seguidos. En el acto I podemos sena-lar el monologo del protagonista en su gabinete ("J'ai langui triste"), que refleja admirablemente su desesperacion y ansias de morir, en contraposi-cion a los coros de Pascua, con su nostalgica evocacion de la pureza de la ninez. La atmosfera cambia por completo con la aparicion de Mefistofeles, terminando el acto en un exultante duo. Las brillantes y gozosas melodias que acompanan la kermesse que abre el acto II predis-ponen favorablemente al oyente para recibir las hermosas cavatinas de Valentin ("Avant de quitter ces lieux") y de Fausto ("Ne permettrez-vous pas"), en su primer encuentro con su amada, que contrastan con la can-cion baquica de Mefistofeles ("Le veau d'or") y dan paso a un rutilante baile final. El acto III es el mas extenso de la opera, y constituye un remanso lirico muy del gusto de la epoca. Se abre con una deliciosa intervencion de Siebel ("Faites-lui mes aveux"), seguida por la celebre aria del protagonista ("Quel trouble inconnu me penetre... Salut, demeure chaste etpure") y la balada de Margarita, "II etait un roi de Thule", cancion gotica llena de ingenuidad que contrasta abiertamente con el aria de las joyas, "Ah!je ris de me voir", absoluto must de las sopranos coloratura y pieza repetida hasta la saciedad en los concursos de canto por el enorme virtuosismo que requiere (y diver-tidamente parodiada por Herge en el comic de Tintin Las joyas de la Castafiore). Le sigue un cuarteto con Mefistofeles y Marta que deriva final-mente en un duo entre los dos enamorados, de una uncion casi espiritual ("Divine purete!"). Sin embargo, las hirientes carcajadas del diablo rompen la embriagadora atmosfera y hacen presagiar el tragico final del idilio. El acto IV se abre con una dramatica escena de Margarita en la alcoba ("// ne revient pas!"), seguida de una bella cavatina de Siebel ("Si le bonheur a sourir t 'invite"), que tradicionalmente se suprimen, para dar paso direc-tamente a la escena en la iglesia, de una tension casi insostenible con los secos acordes del organo -que en algunos montajes toca el propio Mefistofeles, anadiendo un toque de perversion aim mayor a la trama- y el coro entonando las implacables frases del Dies irae. A salir a la calle, nos encontramos con una de las paginas mas famosas de la obra, el coro de soldados ("Gloire immortelle de nos a'ieux"). La provocadora serenata de Mefistofeles, aludiendo al honor perdido de Margarita ("Vous que jaites Vendormie") llevara, despues de un brillante terceto, a la muerte de Valentin y un final de un sentido dramatico de la mejor ley. El actoV se abre con las danzas de la noche de Walpurgis, uno de los epitomes del ballet romantico, realmente mucho mas brillantes que aterrado-ras. Despues de una breve intervencion de Fausto y Mefistofeles, la opera alcanza su culminacion con la celebre escena de la prision, que incluye el ultimo duo de amor de los protagonistas ("Ah, c'est toije t'aime"), que precede al magnifico terceto, cuando se incorpora el diablo ("Alerte! Alertel"). El dramatismo llega a su mas alto grado con la muerte de Margarita, a golpe del tambor que simboliza su ejecucion. Un coro mistico recibe su alma en el cielo, cerrando la opera en un clima de conmovedor recogimiento.
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